miércoles, 14 de noviembre de 2012

Lotus



¿Quiénes son ésos?

La pregunta se filtra por el aire del Lotus, uno de los garitos con más clase de Manhattan y viaja desde la camarera a una francesa y de ahí a su marido hasta el connoisseur pasando por la modelo checa hasta un calvo trajeado y hacia unos europeos sentados en un diván. Toma la curva hasta el fondo del lounge, rebota en el espejo y regresa así:

"Creo que el indio es el actor en "Alguien voló sobre el nido del cuco" y el enano un modelo de Gucci."

Hablan de El Yeti y de Kuki, el Payaso Asesino. El Yeti mide dos metros y veintisiete centímetros, Kuki no llega a uno. El Yeti calza un 46 mientras que a Kuki le queda holgado un 30.

El Yeti es un objetor de conciencia, objetor del trabajo de 9 a 5. Kuki trabaja en una de las atracciones de Coney Island titulada "Nacidos para matar." El Yeti ha dormido donde ha querido durante los últimos 20 años, Kuki vive en el ático de la casa de su madre en Brooklyn rodeado de fotografías de cachorros de perros y miss universos de los años 70.

Lotus es uno de esos lugares donde se puede ver lo mucho que reconforta el dinero. Los que lo tienen están a salvo de las imprevisiones del tiempo y la grámatica y de los olores corporales fuertes. A 20 dólares el martini la muchedumbre se queda afuera detrás de una cuerda de terciopelo rojo. El portero, un hombre blanco que usa la jerga negra con la misma facilidad que un ciego monta en bicicleta por Midtown Manhattan se asegura de que todo es respetabilidad y seguridad adentro. A El Yeti y a Kuki no les hace caso hasta que ve sus nombres en la lista de invitados. Hoy El Yeti y Kuki han venido a degustar el nectar del Lotus.

Una vez dentro, el indio gigante y el enano puertorriqueño se convierten en algo aún más espectacular. Son hombres a los que sequiere conocer y compartir reservado. Toda la clientela es de esas que sólo lleva varios tonos de negro: negro seda, negro mate, negro oscuro y negro sobre negro. "Tecnicamente hablando, el negro no es un color", dice El Yeti, "el negro es un estilo de vida" explica mientras cojea escaleras arriba con sus vaqueros hechos jirones y sus zapatos italianos de segunda mano.

El Yeti pide champán y Kuki un vodka con naranja. La luz acicalada y oscura, los tragos cargados. Los flases se disparan y el dueño del local se acerca a la mesa para sacarse una foto con sus invitados.

"Hoy es un gran día para morirse" dice en Lakota, su lengua materna. La modelo checa y la mujer francesa sonrien, no tienen ni idea de lo que significa. Se arriman a El Yeti y lo besan. Kuki está en el diván con dos mujeres. "Oye, este sitio es fantástico!" exclama apuntando con el pulgar hacia el techo como una salchicha hacia arriba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario